lunes 20 de diciembre de 2010

EL ENTRENADOR DEL REALÍSIMO TIENE QUE SER GAY.

Escuchando esta noche al entrenador del realísimo, una vez recuperado de mi estupefacción, perplejidad y anonadamiento y viendo como este tipo pretende tomarle el pelo a todo quisqui con sus bufonadas, he comprendido perfectamente las razones que le han llevado a sentarse en tan melífluo banquillo.
Y es que no me cabe la menor duda que el entrenador del realísimo ha de ser Gay, tiene que ser obligatoriamente Gay, necesariamente Gay. Y esto tiene que ser así porque de esta manera, siendo Gay el entrenador del realísimo, se preservan los principios que de antiguo caracterizaron a esta exquisita sociedad.
¿Que cuáles son estos valores?
Pues los que actualmente representa su máxima figura, próximo top model de pasarela, no lo duden ustedes, a tenor de las poses que adopta en cada partido y sus sensuales mecidas de ojos mirando de soslayo dónde se encuentra la cámara más proxima a la que mostrar su mejor perfil. Por no hablar de la gracia con la que asomó el pompis en la famosa espaldiña. Y ya saben: el que al andar culea y al mirar los ojos mece, yo no digo que lo sea pero, al menos, lo parece.
Los valores que, hasta hace bien poco, representaba el niñato beodo que ha marchado a la conquista del imperio otomano. ¡Y menudo son los turcos!
En definitiva, los valores que, en otro tiempo, representara un tocapelotas de tomo y lomo. Pregunten si no al gran Valderrama.
Por tanto, partiendo de la base de que el entrenador del realísimo tiene que ser Gay, concluyo que el actual inquilino de tan grácil banquillo se adapta a su cargo como anillo al dedo.
                 José Aurelio Gay. Entrenador de fútbol.